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HISTORIA DEL SD ESPANYOL

Dicen que en los rincones más antiguos del viejo Sarrià, cuando el estadio todavía resonaba con gritos de gloria y esperanza, nació una llama que no era solo de fútbol. Era una chispa diferente, hecha de canastas, saltos imposibles y balones que danzaban por el aire. Así comenzaba la leyenda de la sección de baloncesto del Real Club Deportivo Espanyol.

Era el año 1922 cuando unos valientes visionarios, con la camiseta blanquiazul como estandarte, decidieron que el baloncesto también debía tener alma perica. Y así, entre partidos al aire libre y tardes de lucha contra gigantes, nació la sección masculina. Aquel equipo era pequeño, sí, pero tenía un corazón inmenso. Durante décadas, sobrevivió a guerras, crisis y sombras, manteniendo vivo el espíritu de resistencia y dignidad que siempre ha definido al Espanyol.

Los mejores momentos de gloria llegaron como un regalo esperado durante mucho tiempo. El equipo masculino consiguió lo que parecía imposible: competir entre los mejores, en la élite del baloncesto español y europeo.......¡Los aficionados todavía recordamos la lucha encarnizada en las fases finales de la ACB y aquellos viajes inolvidables para ver al equipo competir en la Copa Korak!

El club también supo anticipar el rumbo del deporte femenino. Entre los años 1940 y 1945 tuvo una sección de baloncesto femenino que fue campeona de Cataluña y de España en 1943. En la década de los 80 alcanzó la División de Honor y disputó competiciones europeas, convirtiéndose en un referente del baloncesto femenino catalán y estatal. El baloncesto femenino del club fue pionero, valiente e inspirador. Y, aunque ellas no lo sabían, ¡plantaron una semilla!

Con el tiempo, como todo héroe que se retira para volver más fuerte, la sección de baloncesto desapareció... pero no se extinguió. Dormía, esperando su momento.

Y ese momento llegó.

En pleno siglo XXI, cuando muchos pensaban que la llama se había apagado, un grupo de pericos y pericas alzó la voz. “¡Queremos volver a jugar al baloncesto! ¡Queremos llevar el escudo a las pistas!”. Y así, con coraje y pasión, renació el alma bajo un nuevo nombre: Seccions Deportives Espanyol. Era 2017, y la historia comenzaba de nuevo, con una nueva era marcada por la inclusión, el esfuerzo y la ilusión.

Los primeros años fueron duros, como toda buena odisea. Pistas modestas, rivales poderosos, presupuestos ajustados… Pero tanto el equipo masculino como el femenino empezaron a escribir páginas memorables. Las chicas, valientes y decididas, demostraron desde el principio que el baloncesto no entiende de género, sino de carácter. Y los chicos, fieles a su estilo combativo, se ganaron el respeto allí donde jugaban.

El pabellón se llenó de familias, de cánticos, de banderas blanquiazules. Cada triple era una declaración de amor al club. Cada rebote, una promesa de futuro. Y así, entre victorias, derrotas, ascensos y alguna lágrima de emoción, SD Espanyol se consolidó como un proyecto vivo, firme y orgulloso.

Hoy, la sección de baloncesto del Espanyol no es solo un equipo. Es un símbolo. Un grito de guerra que dice: “Nosotros también somos Espanyol, en la pista y en la grada”. Los sueños de 1922 laten en cada entrenamiento, en cada partido de fin de semana, en cada niña y niño que se pone la camiseta y sueña a lo grande.

Y este cuento, amigos míos, todavía no ha terminado. Porque cuando escuchéis un balón botar, el sonido de la red en un tiro de tres puntos o un corazón que grite “¡Espanyol!”, en cada uno de ellos encontraréis la esencia de la historia del baloncesto perico, con todo un futuro por delante. “¡¡¡Somos sentimiento perico!!!”